En ‘Tres adioses’ (‘Tre ciotole’, en su título italiano), Isabel Coixet construye un delicado himno a la vida desde la conciencia de la pérdida. En su primera colaboración con el director de fotografía Guido Michelotti, la película articula un lenguaje visual íntimo y profundamente sensorial, donde el formato cuadrado, las ópticas imperfectas, la luz natural y una textura cercana al fotoquímico -con espacio para el Super 8 para capturar la nostalgia de un tiempo pasado que siempre fue mejor- acompañan el viaje interior de su protagonista.
Michelotti desgrana las decisiones técnicas y creativas que dieron forma a la imagen frágil y luminosa de una Roma emocional en su primera colaboración con quien considera artista antes que directora y también es, de nuevo, la operadora de cámara de la película.