‘El Guardián’: Luz natural y cálida introspección en la Bahía de los Ángeles
La película llega a los cines de España este viernes
En ‘El guardián’, la directora Nuria Ibáñez nos conduce hasta el paisaje sobrecogedor de la Bahía de los Ángeles, en Baja California, a través de la figura enigmática de Basilio, un hombre que se encarga de recoger la basura de los turistas, a la vez que cuida la propiedad de su jefe, quien le debe el salario de varios meses de trabajo. La relación entre Basilio y su entorno es lo que permite al espectador ser parte de su punto de vista, a la vez que descubre, poco a poco, imágenes de su pasado y aspectos más íntimos de su personalidad, como el amor por la música o el recuerdo de su hija fallecida. “La película nació de la idea de descubrir qué mantiene a una persona atada a un lugar, y a raíz de eso la narrativa fluyó hacia ese sentido. El cine es una herramienta que nos permite pensar distinto y entender cosas que nos son ajenas, es una forma de explorar la empatía a través de la imagen», dice la directora Nuria Ibáñez sobre su ópera prima de ficción, cuyos orígenes se remontan al cine documental.
Fue en el documental ‘Una corriente salvaje’ (2018), que logró una Mención Especial del Jurado en el Festival Documenta Madrid, donde la directora Nuria Ibáñez conoció a Basilio Moncada, cuya vida terminaría inspirando al personaje principal y la trama de ‘El guardián’, una mezcla de ficción y documental, que en palabras de la directora, es “una segunda oportunidad” para ahondar en las capas que dan forma a la historia de este personaje. En este contexto, la directora de fotografía mexicana Claudia Becerril (‘La frontera invisible’), firma una dirección de fotografía que tiene como centro la luz natural, un trabajo de cámara que se opone al artificio y que busca favorecer la verdad de las actuaciones en esta película que formó parte de la Sección Oficial del Festival de Málaga.
Autor: Juan Andrés Esparza
Una preproducción enfocada en las localizaciones
La directora de fotografía Claudia Becerril llegó a esta película “por recomendación de amigos en común”, y de su colaboración en esta ópera prima de ficción destaca la oportunidad que supuso trabajar con la directora madrileña Nuria Ibáñez: “Fue muy grato que me invitara, pues yo conocía su trabajo y me gustaba mucho. Trabajamos gran parte de la preproducción a distancia, haciendo el desglose de planos y compartiendo referencias”, dice Claudia Becerril, quien menciona referencias visuales como ‘La isla de Bergman’, de Mia Hansen-Løve, en cuanto al uso de la óptica; ‘As bestas’, de Rodrigo Sorogoyen, en relación al cambio de lenguaje; y ‘Passion’, de Ingmar Bergman, en relación al encuadre.

Además, la directora de fotografía resalta de la preproducción la importancia del proceso de búsqueda de las localizaciones, en especial la Bahía de los Ángeles, a la que define como “un lugar muy mágico y verdaderamente hermoso”. Fue en este momento cuando también se sumó el jefe de localizaciones, Octavio Castellanos, quien se enfocó en buscar cada uno de los lugares que aparecen en la película. Al mismo tiempo, la directora y la directora de fotografía hicieron un scouting creativo varios meses antes del rodaje con el fin de encontrar los espacios que describía el guion: “Creo que el lugar en sí mismo ya tiene una personalidad inmensa, pero con ayuda de Octavio y varias personas de la localidad encontramos los lugares perfectos”, menciona.

El trabajo de cámara y el actor
Parte de la propuesta estética de la película se basaba en plantear un trabajo de cámara que permitiera a los actores encontrar “la verdad en cada una de las escenas”, algo que la directora de fotografía Claudia Becerril relaciona con el trabajo documental previo de la directora: “Me parece que Nuria tiene un acercamiento muy particular a los actores naturales como Basilio. Creo que al venir del documental, Nuria busca la verdad en cada escena e intenta alejarse de cualquier cosa que parezca artificial”, menciona.
Como parte de este enfoque, es importante mencionar la cercanía de la cámara que acompaña a Basilio en cada momento y que busca conectar con la sensibilidad de su punto de vista. Un ejemplo de ello es la escena en la que el personaje construye una especie de altar para su hija en la cima de un monte: “Basilio es un ser humano muy emotivo, abierto y receptivo por lo que mi papel era estar abierta y receptiva a lo que le pasaba para conseguir un retrato más profundo. Fue verdaderamente un trabajo muy armónico en ese sentido, ya que era muy fácil estar a su lado”, añade la directora de fotografía mexicana.

Para retratar la vida solitaria de Basilio, a quien define como “un actor nato que se sentía cómodo frente a la cámara”, fue importante armar un equipo reducido con el fin de “no ser demasiado invasivos para que el pudiera moverse y expresarse más libremente”. Es por eso que el departamento de cámara y luces estaba conformado por un total de seis personas, incluida la directora de fotografía, quien define su trabajo como “muy unido, lo cual hizo que el crew reducido no fuera un obstáculo”, dice Claudia Becerril.

Parte del lenguaje visual de la película se construye a partir del retrato constante de paisajes y personajes en situaciones complejas de luz: contraluces, secuencias rodadas en la hora azul, luz directa y rostros en escenas con altos contrastes son escenarios recurrentes dentro de la película por los que transita Basilio. Para afrontar estos retos, la directora de fotografía se decantó por usar la cámara ARRI Alexa 35 por su amplia latitud, lo cual le permitió usar pocas luces en el set: “La cámara reacciona muy bien al contraste y nos dio bastante libertad en corrección de color, puesto que la respuesta en las bajas luces también fue buena. En general, no me gusta usar demasiadas luces, pero, en este caso, además de no poder hacerlo, contábamos con fuentes de energía limitadas. La cámara fue una gran aliada en ese sentido”, remarca.

A esta decisión se sumó la elección de las ópticas Leica R como complemento de la identidad visual de ‘El guardián’. Aunque la película se compone de una paleta de colores cálidos que integran el espacio, conserva las tonalidades azuladas de los atardeceres y amaneceres, que aparecen de forma recurrente en sus escenas: “Probamos varias lentes y elegimos los Leica R en gran parte porque no eran tan cálidas como el resto. Además, como sabíamos que la luz y el entorno tendrían calidez, no queríamos exagerarla. Nos gustaba su neutralidad y naturalidad”, menciona la directora de fotografía, quien también propuso un trabajo de etalonaje que respetara los colores de la realidad: “La paleta de color está determinada por el espacio en el que se desarrolla nuestra historia. Los colores ocres, grises y azules del paisaje se integran en la vida cotidiana de Basilio y están presentes en su ropa, sus objetos y su cabaña. Para él, fundirse en estos colores es una forma de integrarse a un mundo al que no pertenece”, señala Becerril.

La gramática del movimiento
El mundo de Basilio no es estático. Como parte de la idea de seguir al personaje y retratar su punto de vista, está también la decisión de usar el movimiento de cámara a través de diferentes herramientas e intensidades. La directora de fotografía señala dos lenguajes de movimiento de cámara dentro del filme. Por un lado, en el primero, a través de movimientos suaves y armónicos que siguen los recorridos y miradas de Basilio, con la ayuda de paneos o movimientos de Dana Dolly, la directora de fotografía buscaba “acompañar a Basilio en su cotidianidad y en la manera en que habita y transita los espacios que le rodean”, al mismo tiempo que intentaba mostrar su manera de ver el mundo y sus emociones.

Por otro lado, en el segundo, a partir de que Basilio denuncia a un hombre por pescar de forma ilegal en la bahía, la cámara se vuelve más movida y cercana al personaje: “Una cámara en mano, sin caer en la inestabilidad, que acentúa la situación emocional de nuestro personaje, ya que la manera en que Basilio mira el mundo cambia y ahora vive a partir del miedo y la tensión de sus relaciones”, explica Claudia Becerril, quien también usó la cámara con Easyrig para las secuencias rodadas en los botes, un enfoque que define como “documental”.
La iluminación y la luz natural
Parte de la búsqueda de la verdad y la estética naturalista de la película recayó en el uso de luz natural del sol en las secuencias exteriores, que después se trabajó y contrastó con diferentes tipos de telas. De igual forma, se diseñó el plan de rodaje con el fin de “aprovechar de forma expresiva los diferentes momentos lumínicos del día, jugando con el contraste y los contraluces cuando las secuencias lo pedían”, dice Claudia Becerril, quien define como “una ventaja” el haber rodado en invierno en el norte de México, puesto que en esta época del año, la luz no es completamente cenital. En este contexto, la directora de fotografía optó en unas secuencias por mezclar las horas azules con las noches “para recortar a los personajes en la oscuridad”, y en otras, como las secuencias de los botes, optó por rodar con la luz de la luna y apoyarla con una Aputure Mc y una Astera, sostenidas a mano.

Por otra parte, en las secuencias que tienen lugar en el interior de la casa de Basilio, la directora de fotografía trabajó “rebotando la luz natural con rebotes muy alejados, a la vez que colocó Asteras en el interior para que reforzaran la dirección de la luz que entraba por las ventanas”. Además, como Nuria Ibáñez daba mucha importancia a la atmósfera del set y al movimiento de los actores, cuando se trabajó con apoyo de luz artificial en interiores, estas se colocaron sin trípodes para que no interfirieran el movimiento de los intérpretes.

Ficha técnica
Cámara: ARRI Alexa 35
Ópticas: Leica R
Relación de Aspecto: 2.35:1
Equipo técnico
Productoras: Solita Films, Miss Paraguay, Paloma Negra
Dirección: Nuria Ibáñez Castañeda
Guion: Nuria Ibáñez Castañeda
Dirección de fotografía: Claudia Becerril
Diseño de producción: (pendiente)
Colorista: Noemi Lallave







