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¿Por qué mueren los gigantes?

09/07/2013

La quiebra de Kodak y la obsolescencia del fotoquímico





Autor: Jesús Haro

Tras la declaración de bancarrota del 19 de enero del 2012, al amparo del popular capítulo 11 de la Ley de Quiebras de EE.UU., el pasado parecía el año en el que Eastman Kodak iba a arrodillarse definitivamente ante el monopolio digital y su modelo dinámico de concebir los negocios, las empresas y las grandes marcas. Fuji había anunciado a finales del 2012 que dejaba de producir películas, y se sospecha que durante este año los grandes estudios norteamericanos dirán el definitivo adiós a las copias sobre película, principal fuente de ingresos del gigante amarillo en este sector del negocio.  Sin embargo, no parece que Kodak vaya a arrojar la toalla aún, gracias a la decisión de la Corte Norteamericana de aprobar un fondo de 844 millones de dólares que, a través de distintos acuerdos, salvarán a Kodak de la bancarrota en algún momento del 2013.  Éste es un extracto de la nota de prensa:

«This financing, which authorizes Kodak to borrow up to $844 million, strengthens Kodak’s position to successfully execute its remaining reorganization objectives, finalize its Plan of Reorganization, and emerge from Chapter 11 in mid-2013”.

Según el comunicado, parece que se confía en la ‘última fase’ del proceso de re-estructuración de Kodak, aunque ésto es algo que llevamos oyendo durante los últimos 4 años.  Finalmente Kodak va a echar mano, como estaba previsto (ya que es su principal activo hoy), de su porfolio de patentes digitales para avalar esta última parte de la financiación.

Hay que tener en cuenta que Kodak no trabaja sólo productos sobre película: posee otras áreas de negocio y cientos de patentes del universo analógico y digital. El mundo del cine era tan solo una pequeña porción del gigante, que durante muchos años estuvo proporcionando una ingente cantidad de divisas, mientras que otras áreas del negocio se transformaban de un modo abrupto con la entrada de los procesos digitales en nuestras vidas. Éste fue el caso del sector sanitario, en el que las radiografías suponían una partida de ingresos estimable, o de la fotografía de consumo. Ambos sectores no supieron prevenir la avalancha de nuevos productos y procesos que irrumpieron de modo súbito, haciendo tambalearse por vez primera al viejo dinosaurio, aunque el glamouroso mundo del cine proporcionara la liquidez suficiente como para tapar aquellos agujeros.  Además, se reaccionó buscando otras áreas susceptibles de negocio, sobre todo tras la entrada de Antonio Pérez, experto en el mundo de la impresión digital, como CEO de Kodak, y cuya principal apuesta sería plantar cara al gigante HP en su propio territorio, ignoto para Kodak hasta ese momento.

Durante los últimos años, las chimeneas de Rochester comenzaron a echar humo por la producción de tinta, en vez de por la fabricación de película. Kodak pensó que la tinta podría sustituir al negativo como principal fuente de abastecimiento lucrativo. Cada centilitro se vendía al precio del champagne más exquisito y su fabricación masiva resultaba sencilla. Además, la tecnología de inyección de tinta de Kodak fue otro hito tecnológico importante con el que, parecía, se podría triunfar. Sobre todo con el negocio de la impresión profesional de grandes tiradas. Recordemos que en esta nueva era digital los beneficios están en los grandes números, en la fabricación a gran escala con costes reducidos y millones de ventas, pese al escaso margen de beneficio por unidad. Todo queda obsoleto muy rápidamente y hay que fomentar la compra convulsiva de productos que sustituyen al antiguo. Alguien dijo en algún momento que cada vez que Kodak vendía una cámara digital de fotos perdía dinero. Porque en realidad no hay dinero en ese tipo de productos salvo que genere un consumo masivo. Y a priori, la tinta para impresion podía desencadenar ese tipo de consumo.

Sin embargo, Kodak finalmente anunció el abandono de su negocio de impresión y la venta de su negocio de fotografía de consumo. ¿Cuál sería el plan entonces? Como inciso esclarecedor, hay que decir que una vez que las impresoras de Kodak se han dejado de fabricar en todo el mundo, la fabricación y venta de tinta para los productos que existen actualmente en el mercado ha generado más dinero en Europa durante enero del 2013 que toda la división de cine en el mismo territorio. Es un dato increíble, más teniendo en cuenta que el negocio de la tinta carece del esfuerzo y de la estructura  de venta que sí tiene la película cinematográfica.

Actualmente, en Kodak solo persisten dos divisiones: ‘Commercial Film’ que incluye en parte el mundo del cine, y la denominada ‘Technology’, cuyos productos están presentes en otras marcas, pero sin publicitarse (como ocurre en el caso de los procesadores de Intel con los ordenadores).  Es lo que los americanos llaman B to B (Bussiness to Business). No hay más branding ni front end. No quedan comerciales que vendan. Porque vender: ¿el qué?  La división de consumo se ha cerrado por completo y la de impresión gráfica también. Solo queda una pequeña sección denominada ‘Packaging’.

Pero, volviendo al negocio de la creación de imágenes, la película cada vez se viene utilizando menos en los rodajes cinematográficos y quedará como un nicho de mercado para algunos artistas caprichosos y decididos a hacer el cine de un modo determinado o tradicional, echando mano de conceptos como el de textura o el de sensación, nunca exentos de cierta nostalgia. Sin embargo, ¿es así como verán la vida y construirán su imaginario las nuevas generaciones? Dudo que barajen ni de lejos este modo de hacer cine o de apreciar las cualidades fotoquímicas. La imagen electrónica es muy diferente e inunda masivamente videojuegos y pantallas digitales, hoy ya con los primeros intentos en 48ips y 4ks.

Sin embargo, valga como ejemplo en España el reciente rodaje de Libertador, con más de 200.000 metros de película de 35 mm, o en Estados Unidos las últimas producciones de Tarantino o Spielberg, filmadas en celuloide. Paul Thomas Anderson no sólo ha utilizado película, sino que ha desempolvado viejos objetivos y cámaras para rodar en 65 mm con lentes planas. Argo, nominada al Oscar a la Mejor Fotografía, fue rodada como una mezcla de  película y digital utilizando toda una gama de negativos, texturas, acabados  y cámaras. Los Miserables, también nominada este año, se rodó sobre negativo. Y también Bestias del Sur Salvaje, otra nominada y ganadora a la Mejor Fotografía en Cannes, se rodó en S16mm.  En España, Blancanieves, ganadora del Goya de este año a la Mejor Fotografía, y Operación H, también nominada, se rodaron en negativo de 16mm.  Estamos hablando de películas que después funcionaron bastante bien a nivel comercial…

En medio de todo esto, Kodak sacó al mercado en 2012 un nuevo negativo de cámara de la familia Vision3, una emulsión de 50Día.  La estrategia de unirse al enemigo (Fuji) ya había sido ejecutada para seguir en la brecha unos años más. Las dos casas unieron sus esfuerzos enfocándose en aquellos productos que pudieran complementar los rodajes digitales, como es el caso de tecnologías tipo Intermediate, proyecciones o archivos de gran calidad.  Además, tanto Kodak como Fuji se han visto obligadas a reducir costes para fortalecer su competitividad. Sin embargo, el deceso de la demanda continúa castigando todos estos esfuerzos.

Casi todos los directores de fotografía desearían que el negativo siguiera existiendo entre su abanico de herramientas, para en cualquier momento conseguir ese look tan preciado en determinadas producciones. Pero en esta sociedad de consumo las circunstancias económicas mandan, y cada uno de los sectores debe hacer lo suyo para mantenerse. Por eso, no basta sólo con querer rodar sobre este medio, sino que alguien tiene que fabricarlo y le tiene que producir rentabilidad. Además, y sobre todo, se necesita la cobertura y el soporte prestado por los laboratorios. 

¿Tendremos entonces que reservar un camión de película y congelarlo para tener la posibilidad de rodar en fotoquímico? ¿Fabricará Kodak ad hoc cuando se lo pidamos? ¿A qué precio? ¿Habrá laboratorios en marcha aún? ¿El precio de la fabricación permitirá, a pesar de que exista demanda, mantener un procedimiento  tan costoso? Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas. Pero si aplicamos la lógica, llegaremos a la conclusión de que en el momento que se agote la última conexión con el mercado, el negativo morirá finalmente. Como en el caso de que las majors cumplan su amenaza de dejar de consumir copias de distribución sobre película a nivel masivo.

Los grandes estudios americanos han sido los principales clientes para Fuji o Kodak, y por ende para empresas con importantes factorías de producción de copias a nivel mundial como Deluxe o Technicolor. Que las empresas fabricantes de película puedan desaparecer para siempre es grave, pero lo peor es que rodar sobre negativo, o incluso que la película sea parte de nuestros procesos digitales, sean prácticas obsoletas, a punto de desaparecer, y pertenecientes a un pasado ajeno a nuestro universo digital. En el camino, quizás alguna mediana empresa vea la oportunidad de ser el referente final para toda Europa y dar servicio fotoquímico mientras duren los últimos espasmos del soporte. Estos proveedores ya han empezado a posicionarse en el nuevo tablero del mercado y se han visto con los representantes de las majors para ofrecerles un giro final y una alternativa. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿seguirá Eastman Kodak en juego?

La respuesta se debate entre la alternativa de mantenerse como una de esas compañías de referencia (que diversifique también su actividad en otras áreas de negocio), al menos como un recordatorio del gigante que fue, o si desaparecerá para siempre junto con sus productos y su historia. De hecho su nombre fue su principal valor, y una marca solvente puede dar impulso al lanzamiento de muchos productos. Pero eso no basta si no se encuentra una producción específica y adecuada.  IBM, Motorola, Nokia, Bank of America, Technicolor o Polaroid son ejemplos palpables de empresas que sufrieron cambios radicales en sus volúmenes y modelos de negocio, o directamente desaparecieron, cuando antes su propia marca era un signo de confianza en el mercado. IBM mutó a la subcontratación de todo tipo de servicios externalizables en las empresas. Technicolor, antes una referencia en el mundo de los laboratorios, es hoy una compañía que trata de reinventarse poniendo el acento en el conocimiento de los procesos digitales del color en lo que siempre fue líder, o desarrollando una tecnología biométrica para ser usada en la distribución alternativa de contenidos digitales y preparando el lanzamiento de un sistema de distribución de cine similar a Netflix (territorios todos ellos diferentes a aquellos por los que la marca era conocida). 

Technicolor ha sido siempre una empresa de tecnología, de innovación, de servicios, luego no debería ser complicado cambiar el rumbo… Sin embargo, las empresas que basan su éxito en un producto que deja de ser necesario caerán, por mucho que mejoren sus prestaciones y calidad.  El pasado año Kodak sacó un nuevo producto para Super 8: ¿no es esto un indicativo de no saber hacia dónde se quiere ir?  Insistir en los propios productos aunque estén ya obsoletos, en vez de aprender que tu empresa está ahí fuera para dar servicio a los clientes y entender sus necesidades, es un error muy grave. También, invertir en áreas en las que no podemos ser mejores que nuestros competidores es indisciplinado. Jim Collins, autor del libro Por qué algunas empresas caen y por qué otras sobreviven, nos habla de las cinco fases del declive: la arrogancia del éxito, la persecución indisciplinada de crecimiento, la negación del riesgo y el peligro, la búsqueda desesperada de la salvación y la capitulación que conduce a ser insignificante o morir. Y cuanto más se permanezca en la fase cuatro, mayor será la espiral descendente hacia la capitulación. Hoy las empresas se enfrentan a una práctica financiera muy agresiva que las hace ser meros vehículos de circulante. De hecho, una empresa puede obtener más dinero y revalorizarse para sus accionistas en cuanto despide gente y se re-estructura. Estos procesos de bancarrota les permiten suprimir las pensiones y los beneficios sociales a sus empleados, saltándose todas las garantías. A mi entender, hay muchos intereses sobre la mesa y ninguno de ellos tiene que ver con el maravilloso mundo de la creación de imágenes. 

Nuestro deseo es invitar al lector a reflexionar sobre este momento crucial de cambios que afectan no sólo al modo en el que se hacen, ven o distribuyen las películas, gran baluarte cultural de tiempos pasados y presentes, sino reflexionar también acerca de cómo estos cambios afectan a nuestra propia vida social, cultural y económica. Cambios orquestados por la transformación brutal de la tecnología y la opresión financiera más desbocada. 

 

Todo lo expuesto anteriormente conforma la estructura de trabajo del documental Fade To Black, dirigido por Diana Acosta. Una coproducción que se desarrolla entre Colombia, España y Francia. La tecnología audiovisual y sus más modernos cambios afectan a nuestro día a día sin apenas ser conscientes de ello. Algo está cambiando en el modo de concebir y consumir las imágenes. Y esto afecta a nuestros criterios estéticos y al modo de compartir nuestra percepción audiovisual. Indefectiblemente, las imágenes en  movimiento hoy son la clave que lo explican todo. Desde la más grande pantalla digital hasta la transmisión de TV en 8k y  los recientemente llegados dispositivos móviles en 4k, que no sólo permitirán capturar una realidad con el máximo detalle, sino compartirla de modo inmediato y masivo. El Broadcasting entendido de manera radicalmente distinta, afectando con ello a toda la generación de contenidos.  Desde el cultural tradicional a las piezas virales en plena ebullición. Son varios los ángulos de investigación de este documental y son muchas las interferencias con agresivos intereses financieros y agendas privadas corporativas de diversa índole, que terminan de un modo tajante con gigantes como Kodak, con el efecto colateral de llevarse por delante a todos esos pequeños proveedores que han facilitado y ayudado a levantar una memoria colectiva de imágenes que ocupa el último siglo. Reconocidos Directores de Fotografía de la talla de Alfredo Mayo, Javier Salmones o Kiko de la Rica, expertos técnicos y muy diversos profesionales de la imagen, también dirigentes de corporaciones, han estado prestando toda su colaboración necesaria para que este documental fructifique y esté preparado ya para la etapa de producción. Todo ello es y será Fade to Black (Fundido a Negro).


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