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Un máster para la industria: 10 años del Máster de Dirección de Fotografía Cinematográfica de la ECAM

15/05/2026

Tanto alumnis como profesores exploran las posibilidades y ventajas de ofrece este máster de la ECAM

Desde su primera edición en 2016, el Máster en Dirección de Fotografía Cinematográfica de la ECAM (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid) ha formado a más de 150 alumnos, consolidándose como uno de los programas de posgrado más reconocidos en la especialidad de cinematografía. A lo largo de esta década, el curso ha evolucionado en paralelo a los cambios de la industria, reforzando su apuesta por un equilibrio entre formación técnica, pensamiento cinematográfico y práctica profesional. Lejos de limitarse al aprendizaje de herramientas, el máster propone una inmersión en la fotografía como lenguaje, como oficio y como forma de mirar, atendiendo tanto a sus dimensiones estéticas como éticas en un contexto de constante transformación tecnológica.

Alumnos de la promoción de este año durante un ejercicio práctico.

En 2016, el director de fotografía y docente Santiago Racaj AEC ya formaba parte de la ECAM como coordinador de la Diplomatura en Dirección de Fotografía, mientras que Alain Lefebvre -hoy gerente de la Asociación Española de directoras y directores de Fotografía (AEC)- estaba al frente del área de posgrado. Fue entonces cuando Lefebvre propuso a Racaj diseñar un máster específico en la especialidad, en respuesta a una demanda creciente dentro del sector.

“Me di cuenta de que no era algo sencillo -recuerda Racaj-, porque podías hacer un programa muy especializado, limitando el número de alumnos, o plantear algo más general, perdiendo interés”. La clave estaba en encontrar un espacio formativo propio. Para ello, optaron por un proceso de selección exigente, distinto al de la diplomatura, donde los estudiantes acceden sin una especialización previa.

El máster, tal como se concibe hoy, se dirige a perfiles muy diversos: desde graduados en Bellas Artes hasta profesionales de disciplinas diversas, interesados en la fotografía como herramienta de investigación o comunicación. Esta heterogeneidad obliga a equilibrar inicialmente el nivel técnico del grupo antes de avanzar hacia un desarrollo más creativo. “Siempre hay alumnos más avanzados que otros, pero la selección no se basa solo en conocimientos, sino en la motivación y la intención vital que los lleva a formarse”, explica Santi Racaj. El objetivo es encontrar personas que entiendan la fotografía no solo como salida profesional, sino como una forma de estar en el mundo.

Junto a estos perfiles, el máster acoge sobre todo a alumnos que ya trabajan en el sector, en departamentos de cámara o fotografiando proyectos de menor escala. Para ellos, las clases técnicas iniciales siguen siendo relevantes, puesto que son impartidas por experimentados profesionales y planteadas desde una formación intensiva y rigurosa.

Una alumna del máster durante una clase de Almudena Sánchez.

El cine como una forma de estar en el mundo

Desde su origen, el programa se planteó como un Máster en Dirección de Fotografía Cinematográfica, poniendo el énfasis en la dimensión expresiva del cine. “La tecnología cambia, pero la manera de entender el mundo a través del cine es universal”, apunta Racaj. Por ello, el plan de estudios incluye clases impartidas por cineastas, centradas en narrativa y lenguaje. Actualmente, es el director Jonás Trueba quien acompaña a los alumnos en este proceso.

El máster, de tipo ejecutivo, está diseñado para profesionales en activo, con clases concentradas los viernes por la tarde y sábados por la mañana. Este formato intensivo obliga a priorizar contenidos, pero también permite trabajar con alumnos que ya cuentan con experiencia previa y una base consolidada.

En este contexto, Racaj subraya un cambio generacional en la profesión: “Hoy es raro encontrar equipos que desconfíen de un jefe de equipo que está empezando. El conflicto surge más bien cuando alguien intenta imponer criterios sin tenerlos claros”.

Raquel Fernández AEC impartiendo una clase.

En estos diez años, el máster ha evolucionado significativamente. La primera edición contó con solo nueve alumnos, muchos de ellos con experiencia previa, lo que permitió ajustar el programa a partir de su feedback. Uno de los principales cambios ha sido el incremento del peso práctico. “Hemos pasado de un modelo más teórico a integrar progresivamente más ejercicios y rodajes, porque lo que demanda el alumnado es, además de la base conceptual, el acceso a equipos y la posibilidad de aprender desde la práctica profesional”. Este enfoque se traduce en ejercicios narrativos a mitad de curso, centrados en la construcción del espacio y el trabajo con la puesta en escena. Además, el acceso a material actualizado -cámaras, ópticas e iluminación- sigue siendo una de las principales demandas de los estudiantes.

En paralelo, la escuela ha mantenido su apuesta por el formato analógico. Desde la primera edición, el máster incluye un taller de filmación en 16 mm y 35 mm. Para Racaj, el fotoquímico sigue siendo una herramienta fundamental: “Te obliga a previsualizar, a concentrarte, a hacer un trabajo que para nosotros es casi obligado, que es imaginar la película antes de rodarla”. Este interés por el analógico, claramente en auge, en la diplomatura se percibe como un descubrimiento, mientras en el máster se integra como una herramienta más dentro del proceso creativo. No obstante, Racaj lamenta la falta de acceso al fotoquímico en España, especialmente la ausencia de laboratorios.

Ética y estética de la fotografía

Otro de los aspectos que han evolucionado en la última década es la cuestión de género. Mientras que en la diplomatura la paridad se ha alcanzado, e incluso superado en algunos años, en el máster, compuesto mayoritariamente por profesionales en activo, la desigualdad sigue siendo reflejo de la industria. Aun así, Racaj señala que algunos de los trabajos finales más destacados de los últimos años han sido realizados por directoras de fotografía.

Más allá de los datos, el valor diferencial del máster reside en su enfoque. “Muchos programas se centran en acercar al alumno a las tecnologías del momento. Nuestra propuesta va un paso más allá, porque orientamos toda esta formación técnica hacia la creación cinematográfica”. Esto implica no solo adquirir competencias técnicas, sino desarrollar una mirada: una conciencia estética y ética sobre el trabajo del director de fotografía. “A través de clases como las de Jonás ayudamos a construir una forma de mirar y de entender el mundo, y creo que esa diferencia es fundamental”.

Valentín Álvarez AEC impartiendo clase.

El programa se completa con masterclasses impartidas por profesionales de referencia, como Hélène Louvart AFC o Rodrigo Prieto ASC AMC, así como sesiones con otros departamentos, como Maquillaje. “Es una de nuestras carencias como directores de fotografía”, admite Racaj. “No interpretamos el maquillaje y debemos conocer la importancia que tiene”.

Para finalizar, Racaj comparte dos referencias: del cine clásico, destaca la obra de Satyajit Ray, por su sutileza y potencia visual; y del cine contemporáneo, ‘Una batalla tras otra’, cuya fotografía valora por su crudeza e imperfección: “Soy muy fan de la imperfección fotográfica, me parece que aporta mucha verdad”.


Diseñando un Máster de Fotografía con un Jedi de la luz

Como antiguo director del departamento de másteres y formación continua de la ECAM, impulsé varias formaciones que siguen teniendo éxito hoy en día, como el Máster de Dirección de Fotografía.

La elección de Santiago Racaj AEC para dirigirlo fue casi una evidencia: por su trayectoria, pero sobre todo por sus dotes pedagógicas, su capacidad innata para hacerte pensar en las imágenes y la narrativa de la luz. Creo que los alumnos aprecian de él tanto su amabilidad como su exigencia por justificar cada una de las decisiones creativas y técnicas. ¡Un verdadero maestro Jedi de la luz! 

Crear el Máster de Dirección de Fotografía fue todo un reto. Ya existía la diplomatura de fotografía en la escuela y teníamos que diferenciar bien la nueva oferta formativa dirigiéndola a un público con ciertos conocimientos y algo de experiencia. Por ello, hicimos una selección previa del alumnado basándonos en su currículo, su portfolio y en una entrevista personal. Adaptamos igualmente el horario a un público que seguramente estaría trabajando durante la semana. Y… ¡acertamos!

Alumnos del máster en una clase práctica.

Recuerdo bien la primera edición del Máster (uno siempre se acuerda de la primera vez de todo). El grupo de alumnos que habíamos montado fue estupendo, y se les notaba con unas ganas tremendas de aprender. Yo estaba muy nervioso, porque quería que todo saliera muy bien. Así que durante la primera edición estuve presente en cada sesión y aprendí mucho.

Quién me iba a decir a mí que años después me convertiría en el gerente de la AEC y que volvería a encontrarme con muchos de los profesores del Máster. ¡También me encuentro a algunos de esos alumnos en el Microsalón AEC! La vida da muchas vueltas.

Texto: Alain Lefebvre


Aprender de los grandes

Para mí, que vivo en Córdoba y hasta entonces siempre había trabajado con un estilo de guerrilla y muy bajo presupuesto, el máster me dio la oportunidad de aprender la manera de trabajar la dirección de fotografía en el sistema habitual de la industria, lo cual me generó la confianza para afrontar proyectos de mayor envergadura y, a su vez, funcionaba como un sello de calidad para las productoras que me contrataban. Pero, sin duda, lo mejor del máster fue tener la posibilidad de preguntarle a experimentados directores de fotografía por su forma de trabajar, conocer sus trucos y procesos creativos. Aprendí muchísimo de las clases de iluminación de Óscar Durán y Migue Amoedo, personas muy generosas a la hora de compartir sus conocimientos y experiencias; además, fue un lujo tener como tutor a Santiago Racaj, una especie de maestro sensei que te enseña a pensar por ti mismo en cómo debe ser la luz y el lenguaje de cámara según la escena o proyecto. Por último, y no menos importante, hice grandes amigos y compañeros que han sido importantísimos en mis primeros proyectos, como es el caso de Raúl Tirado en ‘Gastos Incluidos’ o Álex Blasco en ‘La Estrella Azul’.

Texto: Álvaro Medina

El DOP Alvaro medina, alumni del Máster en Dirección de Fotografía Cinematográfica de la ECAM.

Una red de contactos que sigue viva

Cuando se apuntó al máster de la ECAM, Xabier Martínez ya contaba con cierta experiencia profesional, trabajando como filmmaker y como director de fotografía en rodajes de pequeña escala. Xabier quería dar un salto cualitativo en su formación, especialmente en lo relativo al manejo de material cinematográfico profesional. El acceso a equipos durante la carrera de Comunicación Audiovisual había sido pobre y, en general, orientado a TV, por lo que el máster se presentaba como una oportunidad para profundizar en materiales de cine. Le motivaba especialmente la posibilidad de aprender a rodar en negativo.

De su formación, en la promoción de 2023-2024, Xabier destaca el alto nivel técnico que se adquiere a lo largo del programa, así como la posibilidad de ampliar la red de contactos profesionales. De hecho, muchas de las personas que conoció no solo forman parte hoy de su entorno laboral, sino que también se han convertido en amistades cercanas.

En cuanto al profesorado, recuerda con especial cariño a figuras como Santi Racaj, Valentín Álvarez, Ignacio Aguilar, Paco Belda o Raquel Fernández. Aunque reconoce el alto nivel de todo el equipo docente, destaca de ellos su sensibilidad y su forma de entender la imagen.

En la actualidad, trabaja principalmente en publicidad. En 2025, Xabier Martínez fotografió su primer largometraje de ficción -‘Gaubela’, dirigido por Iker Reyes-, un proyecto rodado en 16 mm en el que trabajó con Adrián de las Heras como ayudante de cámara y Jorge Barneto como loader, ambos compañeros del máster.

(izda. / dcha.) Adrián de Las Heras (1AC), Aitor Rojo (ayte. de maquinismo) y Xabi Martínez (DOP).

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