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Rodrigo Sorogoyen, Alauda Ruiz de Azúa y Sandra Romero en las Industry Talks de ECAM Forum

11/06/2026

Los tres alumni ECAM reflexionaron sobre los tiempos de creación, la duda, el casting y el futuro del cine en una conversación honesta y generosa con el público

En un momento en que la sociedad parece vivir instalada en la urgencia permanente, ECAM Forum reunió para finalizar su segunda jornada a tres de las voces más relevantes del cine español contemporáneo para detenerse precisamente a pensar sobre el tiempo. Bajo el título La dirección cinematográfica en el presente: entre industria y mirada, Rodrigo Sorogoyen, Alauda Ruiz de Azúa y Sandra Romero compartieron escenario en una conversación que terminó convirtiéndose en algo más que un debate profesional: una reflexión colectiva sobre cómo seguir haciendo cine sin sucumbir a la velocidad -entendida como no reflexión- del sistema.

Los tres cineastas, además, comparten un vínculo con la propia escuela. Dos generaciones distintas de directores/as formados en la ECAM que hoy ocupan posiciones diversas dentro de la industria, pero que coinciden en una misma preocupación: preservar espacios para la reflexión, la complejidad y el riesgo creativo en un ecosistema cada vez más acelerado.

Contra la cultura de la prisa

La conversación arrancó precisamente con una cuestión que atraviesa tanto la creación como el consumo audiovisual: la velocidad.

Alauda Ruiz de Azúa, que dijo no entender cómo el público juvenil ve contenidos en 2x, explicó que, frente a la hiperconectividad y el exceso de estímulos, su reacción ha sido la contraria a la que parece imponer el sistema: replegarse, proteger los tiempos de trabajo y buscar experiencias audiovisuales que exijan una atención distinta. La directora de Cinco lobitos defendió la existencia de una cinematografía basada en la experiencia, la complejidad y los matices, aunque reconoció que hoy compite con formas de consumo mucho más rápidas.

Rodrigo Sorogoyen, en cambio, se mostró más pesimista respecto al contexto actual. Afirmó que la aceleración le parece una tendencia profundamente negativa y alertó sobre el riesgo de que la industria termine reproduciendo los mismos mecanismos de consumo instantáneo que predominan fuera de ella. Para el director de As bestas, la velocidad no solo afecta a la recepción de las obras, sino también a su fabricación.

Sandra Romero (Por donde pasa el silencio, Tiene que morir mucha gente) aportó una visión más ligada a la práctica cotidiana del rodaje. Recordó que muchas óperas primas se están realizando en apenas cuatro semanas de filmación, unos plazos que considera extremadamente exigentes para cualquier cineasta novel. Para ella, la verdadera batalla consiste en saber cuándo hay que defender más tiempo y cuándo asumir riesgos, porque al final la duración de los procesos sigue estando condicionada por algo tan simple como el presupuesto disponible.

La duda como herramienta de trabajo

Uno de los momentos más didácticos llegó cuando el público preguntó cómo conviven los directores con la duda. Lejos de presentarla como una debilidad, los tres la reivindicaron como una parte esencial del oficio.

Sorogoyen, que justamente estrena hoy el trailer final de El ser querido, explicó que duda constantemente durante los procesos creativos, pero que llega un momento en el que es necesario dejar de hacerlo y tomar decisiones. Sin esa capacidad para comprometerse con una elección, afirmó, la dirección se volvería insoportable. La duda es útil mientras impulsa preguntas; cuando paraliza, deja de servir.

Ruiz de Azúa propuso entenderla como una forma de atención. Para ella, dudar significa permanecer alerta ante lo que está ocurriendo delante de la cámara y escuchar tanto la propia intuición como a las personas de confianza que acompañan el proceso.

Romero, por su parte, habló de las películas como una búsqueda. Más que intentar reproducir exactamente una idea preconcebida, defendió la necesidad de estar abierta a encontrar algo inesperado durante el rodaje. El objetivo no sería confirmar una hipótesis previa, sino descubrir aquello que realmente emociona, incomoda o da sentido a la escena.

Rodrigo Sorogoyen y Alauda Ruiz de Azúa, ayer en las Industry Talks de ECAm Forum.

Red flags

Si hubo un aspecto sobre el que los tres mostraron una coincidencia absoluta fue el casting.

Preguntados por las condiciones innegociables de su trabajo, tanto Sorogoyen como sobre todo Alauda Ruiz de Azúa (para quien supone un motivo de desestimiento en contrato), señalaron la elección de los actores como el núcleo irrenunciable de cualquier proyecto. Ambos reconocieron que no conciben rodar una película con un reparto en el que no creen plenamente.

Para Sorogoyen, la relación con los intérpretes se basa ante todo en la comunicación. Explicó que durante los castings intenta descubrir si comparte un mismo lenguaje con los actores, si cuando él dice una cosa el intérprete entiende exactamente aquello que quiere transmitir. Esa conexión previa resulta, a su juicio, fundamental para el trabajo posterior.

Ruiz de Azúa describió los procesos de casting como uno de los momentos más delicados y fascinantes de una producción. Lo que más le interesa no es encontrar una versión concreta del personaje, sino observar cómo cada actor lo encarna de manera diferente y qué nuevas posibilidades revela sobre el material escrito.

¿Para quién se hacen las películas?

Otra de las preguntas del público abrió un debate curioso sobre la relación entre la mirada autoral y el espectador. Los tres cineastas rechazaron la idea de construir películas pensando en un supuesto “espectador medio”.

Ruiz de Azúa cuestionó incluso la existencia de esa figura abstracta y defendió que las películas nacen del diálogo entre sensibilidades concretas, no de estrategias destinadas a agradar a todo el mundo.

Sorogoyen, que está a punto de estrenar El ser querido y es muy consciente de su situación de privilegio, fue aún más contundente. Afirmó que intentar modificar una mirada propia para alcanzar a todos los públicos suele ser un error. Lo importante, sostuvo, no es que te entienda todo el mundo, sino que alguien conecte profundamente con aquello que estás intentando contar.

Diversidad, industria y representación

La conversación también abordó cuestiones relacionadas con la representación y la diversidad en el audiovisual español, a partir de una pregunta de Moni, una de las ‘monjas’ de Los domingos, que estaba entre el público.

A partir de su intervención, los directores coincidieron en que el cine español sigue reflejando la diversidad de la sociedad con cierto retraso. Sorogoyen admitió que España va por detrás de otros países en este aspecto, mientras que Ruiz de Azúa defendió la responsabilidad de los creadores a la hora de retratar la realidad de forma honesta.

Sandra Romero añadió otra perspectiva: la necesidad de ampliar también la diversidad detrás de la cámara. Según explicó, muchas transformaciones en la representación llegan cuando nuevas voces acceden a la posibilidad de contar sus propias historias.

El arte de la búsqueda

Quizá la idea que mejor resumió toda la conversación fue una reflexión de Alauda Ruiz de Azúa sobre los proyectos que decide emprender. Más que buscar historias sobre las que tenga certezas, explicó que le interesan aquellas que contienen preguntas complejas, conflictos que todavía no comprende del todo y territorios morales que merece la pena explorar.

Y quizá ahí reside la principal conclusión de este encuentro: en un momento en que la industria parece obsesionada con la eficiencia, tres de sus cineastas más destacados recordaron que el cine sigue siendo, ante todo, un arte de la búsqueda.

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