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PELICULAS
Hoy se estrena 'Mediterráneo', una historia que debía ser contada
01/10/2021
Dirigida por Marcel Barrena, cuenta con la dirección de fotografía de Kiko de la Rica AEC

Muchos son los títulos en los que hemos disfrutado del trabajo de Kiko de la Rica AEC: La comunidad, Lucía y el sexo, Retorno a Hansala o Blancanieves, con la que consiguió el Premio Goya en 2013 (ver #Cameraman 62). Pero, más allá de los reconocimientos o de las propias películas, lo que más valora el operador es la experiencia vivida durante cada rodaje. Por eso, el de Mediterráneo probablemente sea el más intenso a nivel emocional. Un equipo con pocos recursos, pero unido por la responsabilidad de contar una historia muy importante, sacó adelante un rodaje repleto de obstáculos: hoy, la película es una de las preseleccionadas a competir por España en los Oscars.

TEXTO: CARMEN V. ALBERT

FOTOS: LUCÍA FARAIG

Otoño 2015. Dos socorristas, Óscar (Eduard Fernández) y Gerard (Dani Rovira), viajan hasta Lesbos (Grecia) impactados por la fotografía de un niño (Aylán Kurdi) ahogado en las aguas del Mediterráneo. Al llegar, descubren una realidad sobrecogedora: cada día, miles de personas arriesgan sus vidas en el mar huyendo de conflictos armados sin que nadie ejerza labores de rescate.

Junto a Esther (Anna Castillo) y Nico (Sergi López), crearán un equipo de salvamento con el que intentarán hacer frente a la situación, e inevitablemente harán visible una realidad que afecta a toda Europa.

Mediterráneo cuenta una batalla por la supervivencia, una lucha en la que cada vida cuenta.

 

El 29 de octubre de 2015, cientos de personas fueron rescatadas en el Mediterráneo en el que por entonces fue el mayor naufragio de nuestra época. Sucedió en la isla de Lesbos (Grecia), situada a tan solo 14 kilómetros de Turquía. Se trataba de la huida masiva de civiles de conflictos armados que aún se desarrollan en la actualidad. Abandonados a su suerte, sin saber nadar y en manos de mafias despiadadas que les sueltan a escasos metros de la costa, fueron auxiliados ese día por un puñado de socorristas de Badalona. Óscar Camps y Gerard Canals, junto a otros miembros de su equipo, y siguiendo la ley del mar, que dice que no hay que dejar a ningún náufrago en el agua, lucharon para intentar poner a salvo a esas personas. Este fue el inicio de la ONG Open Arms, que ha salvado desde entonces a más de 60.000 personas en el mar. 

Unos años después, un grupo de productores deciden asumir la responsabilidad de contar esta historia, aprovechando la función del cine como herramienta de difusión y sensibilización y adaptando la historia real a un guion cinematográfico. Aún ‘ficcionada’ en algunas partes del guion para alcanzar amplias audiencias, la producción trató de conseguir el máximo realismo intentando rodar en las localizaciones reales y utilizando el mismo material que estos socorristas utilizaron en aquel gran rescate: las motos, los chalecos salvavidas...también se recuperaron las barcas que usaron los refugiados para llegar a Lesbos y se reconstruyó el campo de refugiados de Moria al detalle, contratando como figurantes a cientos de refugiados que sobrevivieron al mar; un mar que también es real.

En el número de septiembre de Camera & Light hablamos con el director de fotografía Kiko de la Rica sobre las dificultades que conllevaron todas estas decisiones a la fase de rodaje en Grecia, que fueron solventando una a una con las ganas y el empuje de quien sabe que está haciendo lo que le dicta su corazón. Aquí os mostramos un adelanto.

De izquierda a derecha, Kiko de la Rica AEC, Marcel Barrena y Melika Foroutan. Foto de Lucía Faraig

ENTREVISTA A KIKO DE LA RICA AEC, DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

Al parecer, el rodaje de esta película fue extremadamente complicado. 

Fue un rodaje que se nos quedará grabado para siempre. Ha sido una experiencia increíble a nivel emocional para todo el equipo. Se hizo con mucha humildad, pero con mucho compromiso, con una entrega emocional muy importante. Lo vivimos con mucha intensidad, con mucho esfuerzo y sobre todo muy buen ambiente, porque teníamos el propósito de hacer una película donde no había mucho músculo de producción, pero sí un compromiso moral en realizarla. 

Se trata de una coproducción con Grecia. ¿Te llevaste a tu equipo o hubo parte griega?

Me llevé a un segundo operador, ya que íbamos con dos cámaras, que se llama Lionel Garrote, que, aparte de ser un gran profesional, a nivel humano es fantástico, y es lo que hacía falta, porque nos enfrentábamos a un rodaje en Grecia con un equipo que no era el nuestro, a nivel de eléctricos, de dirección de arte, parte de producción, y yo tenía claro que al menos tenía que haber alguien que me siguiera, que, si había que tirarse por el acantilado se viniese conmigo, y Lio fue un gran aliado. 

También lo fue el ayudante, Edu Roigé, y el gaffer, Montxo Bartrolí, que sufrió mucho trabajando con los eléctricos de Grecia. Me sorprendió bastante que, habiendo services, en Grecia no hubiera una infraestructura potente de cine.


Lionel Garrote, segundo operador. Foto de Lucía Faraig

Durante la preparación se incendió el campo de refugiados de Moria, lo que trastocó el plan de rodaje, del mismo modo que lo hicieron las condiciones marítimas. ¿En qué partes de Grecia rodasteis? 

Empezamos a localizar en Lesbos cuando ya estaba comenzando la pandemia, pero finalmente no pudimos rodar allí. Fue una gran pérdida, porque es una isla muy particular y además es el escenario real. Pero la situación era muy difícil, también había conflictos con los afganos; de hecho, localizando tuvimos que atravesar varias barricadas y comprobamos que aquello estaba muy complicado. Con el agravamiento de la pandemia, al final se decidió rodar en Atenas. Hicimos una parada, reiniciamos la preproducción y después del confinamiento arrancamos en Atenas. Tuvimos que hacer cambalaches para buscar localizaciones en los alrededores de Atenas. Como allí hay mucha isla, encontramos un lugar donde la distancia era proporcionalmente la misma de Lesbos con Turquía. Ya se dice en la película, unos 10 km.… está ahí al lado. 

Hubo pérdidas con el cambio de espacios. Localizaciones muy bonitas, como, por ejemplo, el faro donde Óscar Camps inspeccionaba el mar, que era precioso, se perdieron. La propia isla de Lesbos tiene mucho encanto, con los puertitos pesqueros y, además, el escenario real tenía todo lo que nos habían contado. Eran unos pueblitos con mucho encanto, con puertos de pescadores que también han sacado a mucha gente del agua. Te contaban cosas dramáticas, como estar pescando, levantar las redes y recoger un cadáver de un niño. Son también grandes héroes que han tomado parte en el asunto de manera anónima. 

La película sorprende porque, lejos de guardar un estilo documental, está muy ficcionada. Marcel y su guionista trabajaron en este proyecto cuatro años, documentándose de primera mano sobre el trabajo de los socorristas y otros voluntarios en el Egeo. ¿Cuándo te involucraste tú?

Yo obviamente no estuve durante todo ese tiempo. Efectivamente, no tiene que ver con un documental, se trata de contar los comienzos de Óscar [Camps] y conocer al personaje en este proceso. Lo que cuenta la película es su decisión vital en ese momento, y se adivina un pasado donde él, de alguna manera, tiene sus propios conflictos, y vemos a un personaje que incluso puede no caer bien. Ahí está la interpretación de Eduard [Fernández], que con muy poco cuenta mucho, y lo interesante de la película, desde mi punto de vista, es que está centrada en él, que es una persona muy hermética, arropada por sus amigos, y la relación que tiene con su hija, también con conflictos; de algún modo recomienza su relación con ella también en ese momento de su vida.

Eduard había construido muy bien el personaje y yo me agarré a él. Eduard le da mucho peso y mucha verdad a la película, y la forma de rodarla, siguiendo al personaje y dándole así realismo y verdad, creo que hace que la sientas y la historia crezca.

Esta película fue terriblemente dura de realizar para nosotros. Y lo digo con un poco de rubor, porque lo verdaderamente duro es lo que hace esta gente para pasar esos 10 km. Pero bueno, fue un rodaje muy duro: rodar en el mar es complicadísimo.

Foto de Lucía Faraig

¿Cuánto tiempo rodasteis allí?

Seis semanas y tres días. Muy poco tiempo, pero tiramos todo mi equipo y yo adelante. La ayudante de dirección, Vicky Mullor, fue otra gran aliada. 

También tuvimos una segunda unidad con el director Fernando Trullols y el operador Albert Pascual, que nos echaron también una mano. Lo bueno es que tuvimos un buen equipo con los españoles, no tanto con los griegos, lamentablemente. Por eso hubo que hacer de todo, yo me lanzaba a ambientar y a mover cosas. Pero todo con mucha ilusión y muchas ganas.

También colaboró en la película Santi Palacios, el fotógrafo español ganador del World Press Photo que retrató de primera mano la historia que vosotros contáis. ¿Su trabajo te sirvió como referencia o te has querido salir de toda referencia documental a nivel fotográfico?

Estudiamos, por supuesto, las imágenes reales, y yo ya conocía el trabajo de Santi. Pero sobre todo mi idea principal fue ir con Eduard, seguir a ‘Maradona’, estar con él operando cámara en mano para darle verdad.

¿Con qué cámara y ópticas rodaste?

Fue todo muy básico; material de iluminación, por ejemplo, llevamos muy poco. El ‘drama’ eran sobre todo los exteriores y el mar, que cada día estaban de una manera. Imagínate, empezabas a las 8 de la mañana y terminabas a las 8 de la tarde: cómo cambia la luz, hay nubes, claros...yo aquí tuve que renunciar, obviamente, porque no había otra. Entonces lo que hacía era buscar ángulos buenos, orientaciones y horarios que me interesaran...porque la prioridad para eso en el rodaje era ninguna; había otras cosas mucho más condicionantes y además no había tiempo para nada. Así que, de pronto teníamos sol, de pronto teníamos nubes, pero estaba asumido y había que tirar para adelante.

Usamos dos Alexa Minis. Teníamos que ser muy operativos, ir con una cámara ligera y lentes que no pesaran mucho para el rodaje en el agua. Si esta película hubiera tenido presupuesto hubiéramos trabajado en una piscina -se barajó de hecho ir a Malta-, pero finalmente rodamos en el mar con dos Scuba y en unas condiciones bastante sencillas. Las ópticas creo recordar que me quedé con las Ultra Prime, que son unas ópticas que ahora están un poco en desuso, pero son ligeras y elegidas también por presupuesto, porque íbamos con dos juegos completos.

Por tanto, ¿los rodajes acuáticos fueron en el mar sin un equipo especializado?

Solo conseguí llevar a un amigo surfero que tenía una carcasa, porque claro, las Scubas son para trabajar sobre el agua y sumergirlas como mucho a medio metro, porque son como una boya, como una bolsa donde puedes estar a ras del agua y sumergirla un poquito. Pero hacía falta algo para poder mover y levantar la cámara y de repente darle arreón y poder seguir a los actores nadando. Este operador, Iker Elorrieta, tiene una carcasa con la que te puedes sumergir cuatro metros bajo el agua. Pero el equipo tenía sus limitaciones, no podías hacer el foco manual, por ejemplo...para rodar bien en el agua tienes que tener el control, también de sonido, desde arriba, para coordinar. Así que esto fue muy batallero. Pero bueno, Iker nos vino muy bien para hacer planos dentro del agua y levantar la cámara y sacarla con las manos para fuera. Y así conseguimos hacer planos que sin él hubieran sido imposibles, porque era inviable traer a gente especializada con carcasas acuáticas. Fue más corazón que otra cosa. Guerrilla.

Yo soy carne de embarcadero, soy del País Vasco, he tenido bote, he ido a pescar y me he encontrado con galernas...pero en el rodaje hubo un momento en que estaba dentro de una Zodiac con mi ayudante, nos fuimos alejando de una embarcación de apoyo, y el mar empezó a ponerse feo. Hacía calor y yo había salido con ropa de verano, pero empezó a entrar agua y había viento y comenzamos a sentir un frío terrible...fue bastante tiempo y estaba entumecido. Hacía un sol increíble y, de pronto, el mar es como es y al momento cambia todo. Y yo estaba en una Zodiac y sabía de sobra que no me iba a pasar nada, pero te pones en el lugar de la gente que va en patera y le pasa eso y ni siquiera saben nadar...qué horror. Es terrible que se ahoguen cuando les sueltan a 20 metros de la orilla...

LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN CAMERA & LIGHT EDICIÓN SEPTIEMBRE DE 2021 (digital / papel)

 

Foto de Lucía Faraig

Equipo Técnico

Dirección: Marcel Barrena

Guion: Danielle Schleif

Productoras: Fasten Films, Lastor Media, Arcadia Motion Pictures, Cados Producciones, Heretic

Dirección de Fotografía: Kiko de la Rica

Dirección de Arte: Pinelopi Valti

Sonido: Eva Valiño

Montaje: Nacho Ruiz Capillas

Dirección segunda unidad y acción: Fernando Trullols

Gaffer: Montxo Bartrolí

Segundo Operador: Lionel Garrote

 

Ficha técnica

Cámara: ARRi Alexa Mini 

Ópticas: Zeiss Ultra Prime

Relación de aspecto: 2,35:1