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Creatividad, tecnología y fiscalidad: la oportunidad de la I+D+i en el audiovisual

16/04/2026

Se profundiza en las deducciones fiscales por actividades de investigación y desarrollo tecnológico de nuevos productos en el audiovisual español

En un sector en el que la creatividad es el motor, la innovación tecnológica se ha convertido en el combustible. La industria audiovisual, desde las productoras independientes hasta los grandes estudios de animación y empresas de postproducción, compite hoy no solo por audiencias, sino por capacidad técnica, propiedad intelectual y acceso a financiación. 

Autor: Ignacio Alonso Robles de Elzaburu

Y en ese tablero, las deducciones fiscales por actividades de investigación, desarrollo e innovación tecnológica (I+D+i) constituyen un instrumento relevante de planificación financiera, en la medida en que permiten minorar la tributación en el Impuesto sobre Sociedades y, en determinados supuestos, incluso ser monetizadas.

Frente a otros incentivos más conocidos en la industria audiovisual, como los vinculados directamente a la producción cinematográfica y de series, el régimen general de I+D+i del artículo 35 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades opera sobre una lógica distinta: no incentiva la obra audiovisual en cuanto tal, sino el esfuerzo tecnológico real asociado al desarrollo de nuevos productos, procesos o mejoras sustanciales de los ya existentes. Esta distinción es esencial, porque no toda inversión tecnológica en el sector puede calificarse automáticamente como I+D o como innovación tecnológica a efectos fiscales. 

Imagen del rodaje de ‘La fiera’. DoP Ángel Iguácel / Supervisor VP: David Monguet MO&MO.

La innovación como activo financiero

Una parte creciente del valor de las compañías audiovisuales reside en activos intangibles y en capacidades técnicas propias: nuevos algoritmos, software de renderización, sistemas de captura volumétrica, herramientas de restauración digital o flujos de trabajo en la nube. Esta propiedad industrial e intelectual no solo diferencia a una empresa de su competencia; también puede convertirse en una palanca para atraer inversión, obtener financiación o incluso servir como garantía ante entidades financieras.

En este contexto, la fiscalidad deja de ser un mero trámite administrativo para convertirse en una herramienta de estrategia empresarial. Monetizar la innovación, o al menos optimizar su tratamiento fiscal, permite liberar recursos para reinvertir en talento, tecnología y nuevos proyectos.

Qué puede deducirse (y cuánto)

La legislación tributaria española contempla deducciones fiscales por actividades de investigación y desarrollo (I+D) y por innovación tecnológica (IT), aplicables en el Impuesto sobre Sociedades. I+D, que permite una deducción general del 25 % del gasto elegible, porcentaje que puede incrementarse en determinados supuestos. Por otro lado, la Innovación tecnológica (IT) contempla una deducción del 12 % del gasto elegible.

Aplicado al sector audiovisual, ello obliga a diferenciar con cuidado qué proyectos incorporan una verdadera novedad científica o tecnológica y cuáles responden únicamente a mejoras operativas o adaptaciones ordinarias. Pueden entrar en el ámbito de la deducción, por ejemplo, el desarrollo de un sistema propio de renderización en tiempo real, una solución original para captura volumétrica, herramientas de automatización avanzada en postproducción, algoritmos de restauración o sincronización audiovisual con base tecnológica propia, o nuevos procesos de producción virtual que supongan un avance técnico sustancial.

RAP de Duna Labs. Vídeo del Microsalón AEC 2024.

Dónde encaja la innovación en un proyecto audiovisual: ejemplos concretos

El abanico de actividades susceptibles de deducción es más amplio de lo que muchas empresas suponen, aunque exige separar con claridad la innovación tecnológica real de la mera producción o de la mejora operativa ordinaria. No se trata de incentivar una obra audiovisual por el hecho de ser creativa, sino el esfuerzo técnico acreditable que hay detrás de determinados desarrollos. 

En este marco, pueden encajar proyectos como el desarrollo de nuevos algoritmos para captura de movimiento o reconstrucción volumétrica; motores propios de renderización o sistemas de procesado en tiempo real; herramientas avanzadas de automatización para etalonaje, sincronización, restauración o postproducción. O también entornos de producción virtual que supongan una mejora tecnológica sustancial respecto de los utilizados previamente por la empresa. En determinados supuestos, también pueden tener cabida prototipos, pilotos o demostradores tecnológicos vinculados a animación y videojuegos.

Imagen del software de color Mistika SGO.

Ahora bien, no todo desarrollo de software ni toda digitalización encajan automáticamente en I+D+i. La norma excluye expresamente las actividades rutinarias, el mantenimiento evolutivo menor, las adaptaciones no sustanciales, el control de calidad ordinario, la formación o la simple puesta en producción. Por eso, en audiovisual, el elemento decisivo no es usar tecnología avanzada, sino demostrar que el proyecto persigue resolver un problema tecnológico y que genera un avance real para la empresa o, en su caso, para el estado de la técnica.

En cuanto a los costes, podrán formar parte de la base de deducción aquellos que estén directamente relacionados con el proyecto, efectivamente aplicados a su ejecución: personal técnico asignado, colaboraciones externas, determinados consumos o materiales, amortizaciones y servicios contratados para la realización de actividades de I+D+i.

La clave para acceder a las deducciones: justificar la incertidumbre tecnológica

Uno de los aspectos más relevantes, y a menudo desconocidos, es que no es necesario que el proyecto tenga éxito para acceder a la deducción. Lo determinante es que exista una verdadera incertidumbre técnica o tecnológica y que el proyecto esté correctamente documentado. En otras palabras: lo que se incentiva no es el acierto empresarial, sino el esfuerzo innovador acreditable.

Esa es la razón por la que la documentación adquiere un papel central. Para defender correctamente una deducción, no basta con afirmar que se ha desarrollado una herramienta nueva o que se ha implantado inteligencia artificial en un flujo de trabajo. Es necesario identificar el punto de partida tecnológico, las limitaciones existentes, los objetivos técnicos perseguidos, las actividades ejecutadas, la novedad alcanzada y la incertidumbre superada. Los criterios de certificación insisten, precisamente, en evidenciar la novedad, el avance técnico, la causalidad entre actividades y resultado, y la separación de las tareas rutinarias o no calificables. 

Para reforzar la seguridad jurídica, muchas compañías optan por apoyarse en una entidad certificadora acreditada por ENAC y, posteriormente, solicitar un Informe Motivado Vinculante al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Ese informe no es obligatorio en todos los casos, pero sí constituye una herramienta especialmente valiosa porque vincula a la Administración tributaria en la calificación científica y tecnológica de las actividades.

El Smart Assist de Ovide funciona con el software QTAKE. Ofrece una imagen de 4K HDR y funciones de videoasistencia. 

Un incentivo estratégico y compatible con otras ayudas

Otro de los grandes atractivos de estas deducciones son su compatibilidad con otras fórmulas de apoyo público y de financiación empresarial. Las deducciones por I+D+i pueden convivir con subvenciones y otros incentivos. En un entorno en el que los presupuestos son ajustados y la competencia global es feroz, optimizar la fiscalidad puede liberar recursos clave para nuevas producciones.

Sin embargo, la aplicación práctica de estas deducciones no está exenta de complejidad técnica y documental. Por ello, contar con asesoramiento especializado suele ser determinante para maximizar el incentivo y minimizar riesgos.

Freelensing ha sido diseñado por el DOP Sergio de Uña AEC.

La deducción fiscal como parte del modelo financiero del sector

En una industria que vive en constante transformación, marcada por la inteligencia artificial, la producción virtual, la automatización, las experiencias inmersivas y los nuevos entornos interactivos las deducciones fiscales por I+D+i no son simplemente una ventaja contable. Son una herramienta para sostener desarrollos tecnológicos propios y reducir la dependencia de financiación externa.

A medida que aumenta la competencia internacional y los costes de producción se vuelven más exigentes, integrar la estrategia fiscal en el diseño de los proyectos puede marcar diferencias en términos de viabilidad y capacidad de innovación. Y ahí, detrás de muchas soluciones que llegan hoy a la pantalla, empieza a haber no solo creatividad y capacidad industrial, sino también una planificación fiscal mucho más sofisticada.

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